EL MOROCHE

Juan Antonio López Cordero

(Publicado en Revista Acebuche, núm. 18, marzo 2006. Asociación Ecologista Guardabosques de Jódar. Jódar, 2006, p. 53-56)

 

El Moroche es un monte situado al Sur de Pegalajar, con una altitud de 1051 metros. Está ubicado en el centro del valle del río Guadalbullón a su paso por el término de Pegalajar, en su margen izquierda. Hacia este río presenta una vertiente Norte de pendiente acusada, que se suaviza más hacia los otros puntos, especialmente al Noreste hasta llegar al barranco del Pinar, cercano o limítrofe al término de la Guardia. Al Sur  la ladera del Moroche tiene menos longitud, pues se une con la ladera de la Sierra de Grajales, mientras que al Este queda también recortada por esta misma Sierra en el barranco de la Iruela.

Varios cortijos tradicionales rodean el Moroche, como son: El Cortijillo al Norte, La Sima al Sur, Herrera al Este y Poca Pringue y La Encina al Oeste; los cuales tenían una economía agroganadera, dedicada en el pasado a cereal y en la actualidad al cultivo del olivar; Tradicionalmente se han utilizado como pastos para el ganado algunas zonas de los cortijos, sus rastrojeras, la zona más alta del Moroche, la Sierra de Grajales y las márgenes del río Guadalbullón. Estos cortijos conservan aún sus eras de trilla y parte de su antigua arquitectura. Casi todos ellos tienen también en sus proximidades una fuente que les abastecía de agua.

 

 

 

El “Campo de Almoroche” ya era entre finales del siglo XV y principios del XVI, tras la desaparición de la frontera cristiano-musulmana, un cortijo de utilización mixta agrícola-ganadera.[1] Probablemente su ubicara en el mismo lugar que el actual cortijo de la Encina, pues las tierras lindantes al mismo, ya en término de la Guardia, se conocían por esta época el “Campo de La Guardia”. Eran tierras situadas al pie del monte Almoroche o El Moroche, denominación ésta última que corresponde a la actualidad. Es un topónimo de raíz romance que se recogió en el período islámico añadiéndole el artículo “al”.

El fin de la frontera tras la conquista del reino musulmán de Granada a finales del siglo XV, trajo consigo un período de seguridad coincidiendo con un paulatino aumento de población, lo que motivó la roturación de las antiguas tierras yermas, empezando por las más fértiles. Es el caso del Campo de Almoroche, en lo que tuvieron mucho que ver las oligarquías dominantes del Cabildo Municipal de Jaén cuando aún el término de Pegalajar pertenecía a esta ciudad.

Las roturaciones continuaron en la segunda mitad del siglo XVI. En 1575, también detectamos documentalmente las roturaciones arbitrarias que los vecinos de Pegalajar estaban realizando en la zona de Almoroche, seguramente a los pies de dicho monte, en unas tierras realengas, que finalmente fueron vendidas al concejo de Pegalajar, no sin dar lugar a una serie de problemas por la ilegalidad de estas roturaciones.[2] Dicha polémica tuvo su origen en 1574, cuando Felipe II autorizó al juez Fernando de Fuentes a vender las tierras baldías del campo de Almoroche al concejo de la villa de Pegalajar para repartirlas entre los vecinos, 2.160 fanegas a 2.000 maravedíes cada una, en total 11520 ducados pagados a plazos. Se hizo escritura y se dio posesión de ellas.

 

 

Una vez comenzada la roturación de dichas tierras por parte de los vecinos de Pegalajar, el juez requisó por orden real la venta, quitándole la posesión a la villa y volviéndola al estado anterior. Según los vecinos, la causa de ello estaba en la enemistad de la ciudad de Jaén con Pegalajar, “por haverse eximido de su jurisdicción”, pues había individuos prominentes de la ciudad de Jaén, como “veyntiquatros y persopnas que tienen sus cortijos en el termino de la dicha villa [posiblemente también el cortijo del Campo de Almoroche, que pretendían] impedir la dicha venta y perpetuacion por particulares intereses y aprovechamientos suyos”. Por la parte de Pegalajar pedían al Rey que “porque cesaran los excesibos  precios que llebaban a los vecinos de la dicha villa de sus arrendamientos” no se suspendiese la carta de venta, pues se había hecho sin oír a los vecinos y que Pegalajar disponía de “grandes terminos en que hay sobrada dispusicion para romper las dichas tierras... y grandes sierras o pasturas donde apaçentan sus ganados abundantemente”. El Rey ordenó al juez investigar dicha situación y el posible perjuicio que le ocasionase a la ciudad de Jaén, cuyos pastos eran comunes, según la carta de privilegio de exención jurídica, en un plazo de cincuenta días.[3]

La zona más agreste del monte Almoroche, no apta para cultivo, continuó incluida en los bienes de propios, municipales. Su principal uso era de pastos para el ganado. En el siglo XVIII la Dehesa de Potros estaba situada en esta zona y las adyacentes, lugares denominados "Almoroche, oias y terzera", lindaba "por la parte Vaxa con el dicho río de Guadarbollón y por la Alta con el término de Cárchel y de Jaén".[4] En la parte más elevada, situada al Sur, esta dehesa poseía importantes pinares, por donde pasaba el camino de Jaén a Cárcel.[5]

Junto al Moroche pasan dos importantes vías pecuarias, la vereda de la Sima y la vereda real de Úbeda a Granada. La primera de ellas es también el antiguo camino de herradura que comunicaba Cárchel con Jaén, que pasa al Sur del Moroche, entre éste y la sierra de Grajales. La segunda vía bordea el monte por el Este para seguidamente encarar la sierra de Grajales por el barranco de la Iruela. Su utilización ganadera quedó limitada por la reducción del espacio de pastos debido a las roturaciones, pero ha quedado plasmada en el cancionero popular pegalajeño,

El monte del Moroche, como parte de los Propios del Municipio continuó siendo una significativa fuente de ingresos para el mismo, bien por la corta y tala de leñas en determinadas ocasiones, como por la renta anual de los pastos y, sobre todo, por la renta de la alhucema que se producía en él.[6] La alhucema es una planta aromática, cuya esencia se utiliza para perfume. En las décadas centrales del siglo XX fue muy demandada. Por estos años, el monte figura en el registro de Propios del Ayuntamiento con 46 has. y como aprovechamiento comunal.[7]

La repoblación forestal, estimulada tras la última guerra civil, como una de las medidas de paliar el grave problema del paro obrero, tuvo en el Moroche uno de sus focos de actuación. Se estableció un consorcio entre el Patrimonio Forestal y el Ayuntamiento, aprobado en septiembre de 1946, repoblándose el Morrón, Hoyo de la Sierra, Baldíos del Haza Colorada y Moroche[8] en los años siguientes, por lo que los pinares cubrieron gran parte de la desnudez arbórea del monte y suprimieron zonas de pastos.

Hoy día, la principal fuente ingresos que para el municipio genera el Moroche  la constituye una cantera de piedra ubicada en su ladera Este. Por sus veredas ya no pasa el ganado, ni los arrieros cruzan los antiguos caminos; la alhucema no se cosecha y la leña seca se pudre  bajo los pinos. Pero este mítico monte aún permanece erguido, como referente visual en el valle del Guadalbullón, acariciando sus laderas los cortijos centenarios entre bosques de pinos y olivos. Y aún cada Navidad, se oye cantar el siguiente villancico:

 

“Los pastores del Moroche

todos juntos van por leña,

para calentar al niño

que nació en la Nochebuena.

Dichosos pastores,

que con gran fervor,

fueron los primeros

que vieron a Dios.

Dichosos pastores

que, con gran alegría,

ellos crían la carne

y otros se la lían.”

 

 


 

[1] Argente del Castillo, Carmen. La ganadería medieval andaluza. Diputación Provincial. Jaén, 1991, pp. 531‑542.

[2] A.M.J. L. 123. Expedientes y cuentas sobre dehesas para el ganado yeguar. Baldíos de Pegalajar, 1575.

Sobre el paisaje de los baldíos de Pegalajar, en 1559, a través de la descripción del amojonamiento, que por mandato del Rey realizó el Juez Álvaro de Paz, se hace mención al paisaje que rodeaba el término. La vegetación descrita se refiere a acebuches, cornicabras y pinos en el valle del Guadalbullón; espinos en la falda alta del Almadén, tejos en la parte más baja; encinas, cornicabras y prados en la zona de Mojón Blanco; allozos, escaramujos, cornicabras, espinos, almeces y un zumarcar en la parte baja de la vertiente Noroeste de la Serrezuela; y pinos, enebros y madroños en al Suroeste del término, junto a los términos de La Guardia y Jaén.

Apenas se hace mención a cultivos, pues la mayor parte del término tenía una función ganadera por esta época. De hecho, son continuas las referencias a majadas en casi todas las sierras del lugar, como el Mercadillo, Almadén, Entredicho, y Carrizo; también a dehesas, como las de La Guardia, Barranco de Nogueruela —junto a la anterior—, y la denominada Vieja —en el Pinarejo—. Todas ellas en el periferia del término, más al interior había otras importantes dehesas, tales eran las de Bercho y Almoroche (Archivo General de Simancas. L. 356. Expedientes de Hacienda).

[3] Archivo Municipal de Torres, 1574. Felipe II autoriza al juez Fernando de Fuentes para que investigue las roturaciones en el Campo de Almoroche (Pegalajar) tras su venta por parte de la Corona.

[4] Archivo Histórico Provincial de Jaén. Catastro del Marqués de la Ensenada (Pegalajar).

[5] Sánchez-Batalla Martínez, Carlos: "Aportación de los sacerdotes para el levantamiento del mapa del Reino de Jaén de Tomás López en 1787". En Sumuntán, nº 6 -1996-. Colectivo de Investigadores de Sierra Mágina. Jaén, 1996), p. 110.

[6] Archivo Municipal de Pegalajar (A.M.P.) Libro de actas, 31-octubre-1942, fols. 38-39.

[7] A.M.P. Libro de actas, 11-octubre-1951, fols. 179-180.

[8] A.M.P. Libro de actas, 25-octubre-1945, fols.19-20. y 4-septiembre-1946.

 

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