LOS LOCOS DE LA DIPUTACIÓN EN LAS CORTES.

Juan Antonio Lopez Cordero.

(Crónica de la Cena Jocosa 2012. Asociación de Amigos de San Antón. Jaén, 2013, p. 93-98).

 

Con el enunciado “Los locos de la Diputación en las Cortes”, el que esto escribe es evidente que en ningún momento quiere referirse al estado mental de los que dirigen tan emérita institución, ni mucho menos a los que trabajan en ella. Sólo pretende comunicar la relación que en un determinado momento histórico ha tenido la Diputación con el grupo social de alienados, dementes o enfermos mentales giennenses, también llamados locos; un doloroso, rehuido y olvidado drama social, al que desde un primer momento la Diputación Provincial planteó dar solución, pero que relegó más de un siglo y terminó por manchar su imagen a nivel nacional.

No era fácil, la nueva visión liberal de los hombres que formaban la Diputación giennense a mediados del siglo XIX se encontró con una sociedad anclada en la mentalidad del pasado, con una asistencia social muy deficitaria o inexistente, en la que el demente con frecuencia era identificado como endemoniado, aunque ya desde el Renacimiento fue surgiendo una nueva visión que llevó a crear instituciones para la atención humanitaria a los dementes. Es el caso de San Juan de Dios (1495-1550), que vivió en sus propias carnes la violencia de la contención de los locos en el Hospital Real de Granada, y eso tuvo algo que ver con la fundación de la Orden Hospitalaria, cuyo modelo inspiró en el XVII la fundación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul.

En la Europa Católica, muchas de estas instituciones que atendían a los dementes eran civiles y controladas por los municipios y así siguieron hasta las leyes de reforma de la beneficencia promulgadas por el constitucionalismo en el s. XIX. En estos manicomios el estado de los dementes era deprimente. Fue Philippe Pinel (1745-1826), médico francés y primer gran psiquiatra, el que propuso la creación de un cuerpo especializado de médicos dedicados a la atención de los alienados y cambió la actitud de la sociedad hacia los enfermos mentales. Pinel fue nombrado por la Comuna, en plena Revolución francesa, director médico del Asilo de La Bicètre y, posteriormente (en 1795) director de La Salpêtrière, en París. Durante su cargo liberó a los enfermos mentales de las cadenas con las que eran reducidos y confinados.

En España, durante el siglo XIX se desarrolla y consolida la institución psiquiátrica (el asilo de alienados) como el espacio terapéutico para la locura, ley de 1822. El principio del aislamiento queda nítidamente señalado. Se prohíbe «el encierro continuo, la aspereza en el trato, los golpes, grillos y cadenas». En un principio hace depender a los manicomios del municipio, dependencia que fue modificada con la Ley de Beneficencia de 1849 y el reglamento de 1852.

locosenelmanicomio.jpg

Locos en el Manicomio. Goya.

En Jaén, junto a otros establecimientos de carácter benéfico, a saber, casas de expósitos, hospicio, hospital y asilo de mendicidad, las primeras referencias a la necesidad de una futura Casa de Dementes aparecen en 1846, cuando la Junta de Beneficencia solicitó al Gobierno el ex-convento de La Coronada para establecer en él una casa de dementes, lo que le fue concedido ese mismo año. Esta donación fue aumentada con la concesión de la iglesia de dicho ex-convento en 1849. Sin embargo, este proyecto no llegó a realizarse, al igual que otros intentos posteriores[1] Desde entonces y hasta la construcción del centro de dementes de Los Prados transcurrió algo más de un siglo en el que el desinterés por la asistencia psiquiátrica pública en la provincia por parte de la Diputación queda patente.

En Jaén y hasta 1868 fue habitual la atención psiquiátrica a los dementes mediante su traslado a los manicomios de otras provincias, concretamente a Granada. Más adelante, a los manicomios de San Baudilio de Llobregat o Ciempozuelos. El Decreto sobre Observación e Internamiento de Dementes de 1885 establecía la necesidad de espacios donde llevar a cabo la observación antes de hacerse efectivo el ingreso en el manicomio. Por ello y al igual que en otros hospitales, en el Hospital de Jaén existieron habilitadas salas denominadas “de etapa” (ej: Sala de San Diego) donde acoger con carácter de urgencia y transitoriamente a aquellas personas que así lo requirieran, con fuertes medidas de seguridad, no había médico especialista ni personal adecuado.

Muchos de los dementes de Jaén permanecían muy lejos de la provincia. Su olvido hubiera continuado sin más, si las autoridades provinciales no hubieran subestimado a la Dirección del Hospital de San Baudilio de Llobregat. Los impagos de la Diputación Provincial de Jaén al Hospital de San Baudilio llevaron a la Dirección de éste a una actuación contundente, impensable, consistente en la introducción de los enfermos giennenses que tenían a su cuidado, cuyo número era de 85, en vagones de ferrocarril y enviarlos a Jaén. Tan singular expedición tuvo que conseguir el beneplácito de las autoridades ferroviarias, que en teoría no debía ser fácil, pues en las “reglas para la admisión y conducción en los ferrocarriles de las personas que tienen perdida la razón”[2] no se contemplaba una expedición de tal tipo, sólo el traslado de algunos enfermos con condiciones muy específicas: había que avisar con antelación por escrito al Jefe de la estación de salida, debiendo expresarse nombre y apellidos del demente, tren en que había de viajar, estación a la que se dirigía y número de personas que habían de acompañarle; presentar certificado facultativo, legalizado por la autoridad local, en que constase el estado del paciente y precauciones personales con que habría de ser admitido en el coche; además cada demente debería ir acompañado por dos personas, a lo menos, y hasta cuatro, cuando más; y el departamento en que se condujese algún demente sería cerrado con llave, que se entregaría a los que lo custodiasen.[3]

La llegada a la estación de ferrocarril de Jaén de tan inesperado e inquietante cargamento produjo considerable desconcierto y creó un grave y apremiante problema. La Diputación convocó sesión extraordinaria en 21 de junio de 1918 para tratar el asunto. Mientras se hacían gestiones con los manicomios de otras provincias, los enfermos fueron instalados provisionalmente en los sótanos del Hospital de San Juan de Dios, en unas condiciones muy deficientes.

Una vez conocido el hecho de la llegada del “tren de locos” a Jaén, rápidamente se extendió a través de la prensa nacional. El mismo Pablo Iglesias, fundador del PSOE y diputado en Cortes publicó en la prensa el día 22 de junio de 1918 el artículo “Lo que desacredita y abochorna”, en el que hace expresa referencia a los dementes de Jaén: “lo que desacredita y abochorna es el despido del Manicomio de San Baudilio de Llobregat de 60 desgraciados dementes de la provincia de Jaén, por adeudar la Diputación, por estancia de aquellos, veinte mil duros”.[4]

Unos días después, en las Cortes fue debatido el tema de los dementes giennenses y la Diputación Provincial. Intervinieron los parlamentarios Saborit y Anguita, de lo que se hacen eco los periódicos nacionales. Así, La Vanguardia, en su edición del 28-junio-1918 expresa:

 

 “Jaén—dice—ha tenido que pasar por la vergüenza de ver como sus dementes han sido devueltos por falta de pago.

El señor Anguita: Vergüenza, no; causa pena.

El señor Sáborit: Como su señoría quiera; para mí es vergonzoso el modo como en general cumplen sus deberes las Diputaciones provinciales. La Beneficencia española necesita una reforma de raíz por medio de una nueva legislación”.[5]

 

Andrés Saborit era socialista, diputado a Cortes por Asturias. El año anterior, 1917, participó en la huelga general y fue condenado a cadena perpetua en el penal de Cartagena, junto a Besteiro, Largo Caballero y Daniel Anguiano, de donde salió gracias a su acta de diputado conseguida ese año. Mientras que Virgilio Anguita Sánchez, natural de La Guardia (Jaén), era un estacado político liberal, diputado a Cortes en diversas legislaturas.

El diario conservador La Nación, en su edición de 29-junio-1918, se hacía eco de las razones del diputado Anguita en defensa de la Diputación Provincial de Jaén en las Cortes:

“El Sr. Anguita defiende a la Diputación provincial de Jaén de las acusaciones lanzadas por el Sr. Saborit, y dice que los Ayuntamientos, alentados por ciertos elementos (alude a los socialistas) no pagan el contingente, siendo esto causa de que la Diputación esté en descubierto con el Manicomio de San Baudilio y de que la Dirección del mencionado establecimiento acordase el envío de los dementes a Jaén.

Niega que éstos, al ser llevados a Jaén, anduviesen sueltos por las calles, ni que se diera espectáculo alguno bochornoso, habiendo sido recibidos en la estación por el Gobernador civil y las autoridades y trasladados en coches particulares al Hospital provincial unos, y a un pabellón especial los dementes peligrosos.

Afirma que la Diputación de Jaén ha acordado construir dos manicomios; uno provisional para los dementes en observación, y otro definitivo.

Respecto a la afirmación del Sr. Largo Caballero, según el cual las diputaciones provinciales no eran más que viveros de gobernadores civiles, declara el Sr. Anguita que si esto es así habrá que decir que las ‘Casas del Pueblo’ son viveros de ambiciones.”[6]

El bochornoso caso de los dementes de Jaén y la Diputación Provincial no fue olvidado, continuó durante bastante tiempo utilizándose en la prensa nacional para fustigar a la autoridad provincial. Más de un año después, el periodista y socialista giennense Antonio Ávalos Presa escribe en el periódico independiente El Día, en su edición del 29-09-1919:

 “La obra vandálica del caciquismo, que se inmiscuye en todo y todo lo subvierte, ha plasmado en la administración de los intereses provinciales, que es un caos, y no lleva trazas de purificarse, ni corregirse, porque quienes están al frente de ella son producto depurado de las oligarquías políticas… Aquí el cacique lo es todo, lo puede todo… Y desgraciado el que no se someta. Le espera la persecución, el acosamiento… Ya pueden invocar el derecho, la ley, la justicia. Todo será inútil… Es famoso en toda España el caciquismo de Jaén. Su obra en la Diputación Provincial le ha hecho célebre. Al manicomio de San Baudilio, por no pagarle en largos años, le obligó a que nos devolviera los dementes. Se lio el escándalo, se hicieron protestas cálidas y razonadas. Pero todo fue inútil… Lo que está haciendo en la Diputación no tiene nombre. Ésta no paga a nadie. Los médicos llevan infinidad de meses sin cobrar. Los asilados no comen. No hay quien peche con contratos de suministro para los establecimientos de beneficencia…”[7]

Este escándalo nacional en torno a los dementes en que se vio envuelta la Diputación Provincial no bastó para que la provincia de Jaén diese una atención digna a sus enfermos mentales. Ni siquiera su debate en las Cortes hizo que la asistencia a estos enfermos en Jaén mejorara. El Centro de Dementes provincial, del que ya se hizo eco la nueva mentalidad asistencial liberal de mediados del siglo XIX, estuvo durante un siglo a la cola de las prioridades de las autoridades provinciales. La crisis del “tren de los locos” permitió a la pujante izquierda del país llevar a las Cortes la bochornosa actuación de la Diputación Provincial de Jaén, utilizándola como un ejemplo de pésima política social.

No fue hasta bastantes años después, cuando en la provincia de Jaén empezó a cambiar la atención a los enfermos mentales. En enero de 1931 Juan Pedro Gutiérrez Higueras se incorporó como Jefe del Servicio de Psiquiatría de la Beneficencia Provincial de Jaén y puso en marcha los dispensarios de Higiene Mental. Tras la Guerra Civil, la ley de Bases de la Sanidad Nacional de 1944 establecía que los servicios sanitarios de las Diputaciones eran responsables de sostener las instituciones de la asistencia psiquiátrica. Gutiérrez Higueras como presidente de la Diputación estimuló el proyecto del centro de dementes de Los Prados, que se materializó en 1952.


 

[1] Archivo de la Diputación Provincial de Jaén. Legajo 2298/1; y Libro de actas 18-marzo y 9-abril-1865.

[2] Real Orden de 19 de enero de 1872. Reglas para la admisión y conducción en los ferrocarriles de las personas que tienen perdida la razón.

[3] Adelante, revista semanal ilustrada de ferrocarriles, número suelto, Madrid, 28 de mayo de 1912, p. 35-36.

[4] El ideal. Órgano de las Juventudes Revolucionarias de los distritos de Tortosa y Roquetas, núm. 134, 22-junio-1918.

[5] La Vanguardia, 28-junio-1918, p. 11.

[6] La Nación. 29-junio-1918.

[7] El Día, 29-septiembre-1919.

 

 volver