1.2. Cementerio de San Fernando.

 

            El cementerio de San Fernando surgió en el siglo XX ante la necesidad de uno nuevo, debido al crecimiento que estaba experimentando la ciudad, por lo que se construyó al Este, más retirado que el anterior, orientación que seguía la tradición geográfica de los cementerios. Pero tiene una larga historia. Ya en 1892 adquirió el Ayuntamiento de Jaén, por compra al médico giennense Francisco Ruiz Alcázar, unos terrenos de tierra calma situados en el lugar llamado cerro de Almagro y Valle con destino a la construcción de un cementerio. Eran algo más de 23 hectáreas, cuya primera piedra se colocó el día 6 de julio de aquel año, siendo alcalde José del Prado y Palacio, al que asistieron todas las autoridades locales y provinciales. En una pequeña caja de plomo, que se introdujo en el hueco abierto en una piedra, se colocaron como testimonio para futuras generaciones una moneda de plata de cinco pesetas con el busto de Alfonso XIII, un ejemplar del Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, uno de El Industrial, otro de El Gladiador y un extraordinario literario de este último, junto con el acta de protocolo que se hizo.

            Pese al boato del acto inaugural, pasaron los años y en el nuevo cementerio sólo se hicieron algunos muros de cerramiento. El proyecto se abandonó, mientras que en el cementerio viejo se hacían obras de ampliación. Setenta años después, en el mismo lugar donde se colocaba la primera piedra, se inauguraba el actual cementerio de San Fernando.

            La advocación a San Fernando está en relación con su figura histórica de liberador de Jaén del dominio musulmán. El cementerio estuvo marcado por las tumbas colectivas de los fusilados durante la Guerra Civil, y por la ausencia de mausoleos y panteones familiares que caracterizaron el de San Eufrasio; por lo demás, mantuvo las tradiciones de épocas pasadas con los tradicionales puestos de castañas y venta de pavos durante las fiestas de Difuntos.

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