6.3. El parque de la Victoria

             La apertura del camino de la Estación en 1881, abrió a la ciudad nuevos terrenos de crecimiento urbano, formados por numerosas y fértiles huertas que tradicionalmente para el giennense tenían un valor sentimental añadido al económico. En 1906, el médico Eloy Espejo y García (1848-1935) propuso al Ayuntamiento utilizar parte de estas huertas colindantes, y algo distantes de la ciudad por entonces, para diseñar un parque y zona de recreo. Para ello basó su campaña en la salubridad del vecindario, en la supresión de los arroyos con aguas residuales y las albercas que regaban las huertas.

            La idea fue rechazada en un primer momento. Años después, la retomó José del Prado y Palacio. El intento definitivo partió del Plan de Ensanche de 1927, redactado por el arquitecto Luis Berges Martínez. En él se preveía el parque de la Victoria y reformas interiores, entre las que estaba un estanque de un metro de profundidad por el que navegaran diez barcas. En 1929, siendo alcalde Juan Pancorbo Ortuño, se hizo durante los días de feria un ensayo general de lo que podría ser el parque. Las hazas se convirtieron en un plano con fuentes, jardines, escalinatas, balaustradas, casetas, luz eléctrica, arcos de entrada, kiosko de música,... Todo ello de forma efímera.

            En 1936 comenzaron a realizarse las obras del parque del paseo de la Estación, como una de las medidas urgentes que adoptó la Junta Administrativa del Paro Obrero. Las obras empezaron el día 30 de marzo con la asistencia de 300 obreros, y tras la donación de los terrenos que hizo Rafael Sagrista, en nombre de María Bonilla, para tal fin.

            A partir de 1939, siendo alcalde Juan Pedro Gutiérrez Higueras, se reinició el parque, pero ya desvirtuado. El Ayuntamiento decidió hacer realidad dicho plan, por lo que adquirió 200 has. de cultivo a ambos lados del paseo. Se incluyó el parque entre las obras que habían de realizarse en la ciudad. Para ello se partió del proyecto de Luis Berges Martínez, con algunos retoques del arquitecto Antonio María Sánchez. El parque quedó formado con cuatro paseos rectangulares y uno central mucho más amplio, cerrado en semicírculos por un paseo de coches junto los jardines que en taludes salvaban el desnivel de la carretera de Madrid. El agua, elemento primordial en el paseo estaba presente con un gran estanque rectangular y cinco fuentes circulares. La banda municipal también tenía su sitio en el fondo del mismo con un tablado de madera.

            A partir de los años cincuenta del siglo XX, una serie de reformas cambiaron la la imagen del parque. Se le quitó un trozo para levantar el edificio de la Casa Sindical, se levantaron edificios de altura en su entorno, se remodeló perdiendo su fisonomía original, desaparecieron las arcadas tradicionales del mismo,...

            En los años sesenta el parque de la Victoria estuvo en peligro de desaparición, pues se planteó su supresión para construir en su lugar viviendas. Logró salvarse, pero no así su entorno, en el que se levantaron nuevas edificaciones de importante altura. Una de ellas fue la Casa Sindical, terminada en 1970, obra de 4.000 m2 dirigida por el arquitecto José Jiménez Jiménez. Nuevos cambios tuvieron lugar en 1980 cuando se propuso un aparcamiento bajo el parque infantil existente en lado Norte, que se realizó unos años después.

            En el parque se encuentra un monumento a Emilio Cebrián Ruiz (Toledo, 1900-Liria, 1943), director de la Banda Municipal de Música y autor de diversas composiciones. Se formó en la Banda de Música de la Academia de Infantería de Toledo y acabó sus estudios en el Conservatorio Superior de Madrid. Tras ejercer como director de la Banda de Música de Talavera de la Reina, pasó a ejercer la dirección de la Banda de Música de Jaén. Desde entonces hasta su muerte, por accidente en Liria, dirigió la Banda de Música de Jaén. También dirigió antes otras prestigiosas agrupaciones musicales y los Coros de Toledo, ciudad de la que fue académico de Bellas Artes y Ciencias Históricas. Hizo numerosas composiciones de temas de Jaén, como el Himno a Jaén, que nació como «Canto a Jaén», en colaboración con Federico de Mendizábal, que puso la letra; se estrenó 19 de octubre de 1932 en el Teatro Cervantes. El Ayuntamiento de Jaén, en mayo de 1935, lo declaró «Himno a Jaén». Otra composición suya es la Marcha de Nuestro Padre Jesús Nazareno «El Abuelo» que se estrenó en 1935, en la Plaza de Santa María, y otras composiciones, como el pasodoble «Ragón-Falez», además de maestro de muchos músicos. El monumento consiste en un busto con relieve en bronce sobre un basamento de piedra, obra del escultor Constantino Unguetti Álamo, natural de Castellar. Se inauguró en 1978.

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