I. DE CIUDAD MEDIEVAL A CIUDAD MODERNA
La ciudad de Jaén ha sido tradicionalmente identificada con la leyenda del Lagarto de La Magdalena, de clara connotación con el dragón medieval, que desde un principio formó parte del escudo de la Catedral. Un dragón, símbolo del mal, cuya figura fue extendida a la imagen urbana de la ciudad medieval. En el plano de la ciudad, la cabeza correspondería a los alrededores de la plaza de Santa María, donde residían los poderes civil y eclesiástico (ayuntamiento, catedral y palacio episcopal); la calle Maestra sería la columna vertebral de la bestia; y la cola empezaría en el convento de Santa Catalina. Esta figura urbanística medieval quedó rota en el Renacimiento con el crecimiento del arrabal fortificado de San Ildefonso en el siglo XV y el posterior desbordamiento de la muralla en el siglo XVI por varios puntos, especialmente en el barrio de Santa María.
En el siglo XV ya se cita que entre los numerosos actos realizados en Jaén con motivo de sus bodas del condestable Iranzo figura “una serpienta” o dragón:
“... una infantería de pajes pequeños vinieron vestidos de jubones de fino brocado... Los quales tomaron por invençión que era una gente de inota e luenga tierras, la qual venía destroçada e vençida de gente enemiga; e que no solamente les avía destroído sus personas e bienes, mas los tenplos de la fe suya,... E que viniendo çerca de aquella çibdad, en el paso de una desabitada selva, una muy fiera y fea serpienta los avía tragado, e que pidían subsidio para dende salir..., asomó la cabeça de la dicha serpienta, muy grande, fecha de madera pintada, e por su artificío lançó por la boca uno a uno los dichos niños, echando grandes llamas de fuego. Y, asimismo, los pajes, como traían las faldas e mangas e capirotes llenas de agua ardiente, salieron ardiendo que pareçía que verdaderamente se quemavan en llamas.”
Es el dragón el animal fantástico que más leyendas ha generado. Se define como una especie de gran reptil, con cuatro patas, dos alas y una o más cabezas horribles, que expulsa fuego
por las narices o por la boca y es terriblemente devorador. En todos los lugares hay un héroe que lo mata.
En el cristianismo, la Apocalipsis de San Juan identifica al Diablo con el dragón, "la antigua serpiente", que un ángel prendió, "lo encadenó por mil años, lo arrojó
al abismo, que cerró y selló después, para que no pudiese seducir más a las naciones, hasta que no se cumpliesen los mil años, después de los cuales debe ser soltado por poco tiempo". Existen en la cultura cristiana otras diversas figuras popularmente unidas al dragón, identificado como
espíritu del mal. Varias de estas leyendas recoge Santiago de la Vorágine en el siglo XIII. Es el caso de San Silvestre, que con la ayuda de Dios conjura a Satanás, identificado con el dragón que mataba diariamente a más de setecientas personas, le ata la boca, coloca una anilla engarzada a un
crucifijo en los nudos de los cabos, y le obliga permanecer en su cueva hasta el juicio final. También Santa Marta, imagen de gran devoción en la catedral de Jaén, vence al dragón que habitaba en las proximidades del Ródano entre Arlés y Aviñón, dragón que vivía en el bosque y a veces se
sumergía en el río, volcaba las embarcaciones y mataba a los que en ellas iban. Santa Marta, que halló a la bestia devorando a un hombre, se acercó a ella, la asperjó con agua bendita y mostró la señal de la cruz. Ante esto el dragón se volvió manso y la Santa lo amarró por el cuello y con
un ramal lo sacó del bosque a un lugar despejado, donde los hombres de la comarca lo mataron a lanzadas y pedradas. Otras veces, el cruel dragón actúa como elemento ejecutor de la voluntad de Dios, como en la leyenda del apóstol San Felipe, que cuando fue apresado por los paganos y coaccionado
para que hiciese sacrificios a Marte, debajo de la estatua del ídolo surgió un dragón que mató a un hijo del pontífice y a dos tribunos que custodiaban al Santo, y con el hedor de sus resuellos infectó el ambiente, enfermando cuantos asistían al acto.
Pero, sin duda, la figura más popular del cristianismo con relación al dragón es San Jorge, matador del mismo y rescatador de la princesa, el cual constituye uno de los ejes
fundamentales que ha generado multitud de leyendas, como en Cataluña la leyenda de la Cueva del Dragón (identificada como la Cova del Drac) y el Dragón de San Lorenzo, en la que la figura del caballero que da muerte a la bestia tiene una clara similitud con San Jorge. En la
provincia de Jaén, la leyenda del Lagarto de La Magdalena, es muy conocida y explícita al respecto y que Juan Eslava ha estudiado ampliamente. La más antigua referencia escrita conocida es de Bartolomé Ximénez Patón en su Historia de la Antigua y Continuada Nobleza de la Ciudad de
Jaén, editada en 1628, que nos habla de un pastor que pone como cebo un cordero lleno de "yesca" a la "sierpe" que habita en la cueva del nacimiento de agua de La Magdalena, acabando de una explosión con ella. Otras versiones posteriores atribuyen la acción a un guerrero
vestido con traje de espejos o a un preso que obtiene el perdón a cambio de matar al monstruo. Esta leyenda debió ser muy popular, como parece demostrar el hecho de la presencia del dragón en el escudo de la Santa Iglesia Catedral de Jaén que representa un dragón sobre la ciudad y a los pies de
la Virgen sentada en un trono. No obstante, la leyenda contiene elementos básicos de otras, como son la gruta, el héroe y la bestia. Desde época medieval está muy presente en la tradición giennense hasta nuestros días, así como el trazado urbano, medieval en su origen; pues el urbanismo
giennense hay que estudiarlo, entre otros factores, a partir de la historia y la orografía que condicionaron el emplazamiento de la ciudad junto al castillo y los manantiales que nacen de su cerro.